Sentados en una esquina,
esperando al destino
dos jóvenes se prestan de carnada
y marchan por aquel camino.
El camino que tantas veces me mató
en forma de desaparición, miedo y obscuridad
hoy recluta un nuevo sargento.
Al regreso, como si fuese rutina
pedimos morirnos en la misma esquina,
arcos y encalada,
el supuesto fin de la escapa.
Matthew Dalceggio
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